Quiero irme, como dirían los RHCP, road trippin with my two favorite allies. Que en este caso no son comida y provisiones, si no me and myself.
Harta de tanta complicación me dispuse este verano a echar una carta llena de recuerdos y sufrimiento a un buzón para que no volvieran. Y ahora me doy cuanta de que no solo recordar es volver a vivir si no que, además, vivir es volver a construir el maldito recuerdo. Asquerosa evocación a una esperanza. Anhelo a lo que, pasado un tiempo, es un despejado sufrimiento.
Algo menos doloroso desde el presente. Porque, claro...todo parece estar mucho más calmado. -Ahora que estoy curada, ¿porque no aventurarme de nuevo a vivir un episodio veleidoso en el que sé de antemano que ya hay amor? Cobarde postura para quien ve en la persistencia y no en el cambio evolución. Y explico como he llegado a esta conclusión:
Era una duda que se me presentaba el otro día. A medida que pasa en tiempo el hombre deja de permitirse el lujo de dudar. Maravillosa afición, por cierto. Entonces, ¿se da el paso hacia lo seguro? ¿Se resguarda uno en lo inequívoco? Se produce, en todo caso, una aproximación hacia lo que a uno le identifica. Eso no es discutible. Ahora bien, y como dirían los Red Hot en Road Trippin: these smiling eyes are just a mirror for the sun. O lo que es lo mismo, esos ojos sonrientes son solo un espejo para el sol. ¿Qué es lo que nos identifica?
Me aferro a algo que probablemente no me convenga, pero me haga feliz. Como un drogadicto dejo de vivir mi realidad. Me engaño o me engañan y estoy contento. Pero, claro...luego te da el blancazo. ¿Es esta una forma romántica de ver la vida o tal vez una actitud irresponsable? De riesgo y desenfreno no está exento. La cuestión es sí es real o es vivir de ilusiones. La velocidad a la que el corazón bombea no deja distinguir.
Luego está el otro camino. Parece que te sales de la teoría del romanticismo extremo hasta el infinito cuando decides aferrarte a algo complementario que te aporta seguridad en ti mismo. La estabilidad no está hecha para los locos, o eso dicen. Pero yo creo que solo un demente reconstruiría el recuerdo del amor sin defectos. Y el prejuicio de pensar que dar un paso hacia adelante es poseer algo sosegado e insustancial no es mas que una barrera ante la posibilidad de no poder olvidar. Es como si te obligaran a caminar por un hilo que va de rascacielo a rascacielo y te aseguraran el equilibrio como un super poder. Es precioso y no hay dolor (dentro de lo que cabe, pues siempre hay dolor). La adrenalina está en tener la certeza de que estás viviendo un sueño en el que das la justa cabida al sufrimiento.
Sea como sea son dos seguros de vida. Uno de ellos efímero, inconstante e intenso y el otro, tal vez, apto solo para aquellos hombres capacitados para el juego de la pasión sin prejuicios.
Es por ello que me atrevo a lanzarme a este amor trivial sin precuela saltándome paredones de 500 metros de altura. Me arriesgo a avanzar. Me decido con firmeza. Como dirían los Red Hot...Let's get lost.
sábado, 17 de septiembre de 2011
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